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02
Jun
08

Assassin’s Creed

Assassin’s Creed es un juego súmamente bonito, que entra por los ojos muy fácilmente. No se puede negar que es agradable de ver y que, una vez se ha mirado, entran ganas de probarlo porque, hé, parece la r3h0sti4.
Pero esta vez, amigo, te venden el papel y el caramelo sabe a pedo.

El principal problema del juego es que, una vez empezado, cuesta encontrar un motivo para seguir jugándolo, puesto que la mecánica del juego por sí misma no es aliciente suficiente para hacerlo.
Podría empezar a hablar de lo monótono y repetitivo que es. El juego se divide en nueve capítulos (cada uno un asesinato) que son, esencialmente, el mismo y consisten en conoce presa, investiga presa, mata presa.
Además, aunque los asesinatos se plantean como el súmum de la libertad, a la práctica jugar como un asesino de verdad (en secreto, escondiéndose con sigilo de los guardias, siendo irresistible y acabando en el catre con todas las chicas) es imposible (o inviable). La información que se recaba antes de matar al objetivo es bastante inútil. Conocer la posición de los 25 guardias que protegen a nuestra víctima no sirve de nada porque ¿para qué voy a perder 10 minutos matándolos a todos (y rezando para que ninguno se dé cuenta) si puedo plantarme en medio de la fiesta sin avisar, liarme a mamporros con todo quisqui, y terminar en 3?
Sumémosle a eso el hecho de que las misiones de investigación tampoco son más aburridas que la declaración de la renta.

Gráficamente, como ya he dicho, es asombroso, aunque también con sus peros. Las ciudades son un gran escenario de cartón piedra. Están muy bien recreadas, y parece que la vida fluya entre sus calles, pero ofrecen poco más que vistas sobrecogedoras desde las atalayas. La interacción en ellas si limita a lo que las misiones de investigación nos permiten hacer y un par o tres de cosas más: robarle el bolso lleno de cuchillos a un tío 2×2 vestido con atuendos sadomaso que paseaba por allí, o unirse al fiestón que se están pegando unos eruditos por ahí.

Viendo pasar el tiempo

Aún así, por muy vacías que a la práctica estén, se compensa con el hecho de poderse mover a través de ellas con mucha fluidez y ritmo y, sobretodo, las vistas panorámicas que se ofrecen desde determinados puntos. Las tres grandes ciudades (Jerusalén, Acre y Damasco) están igualmente bien trabajadas y bien diferenciadas entre ellas, de tal manera que, aunque lo que se hace en cada una de ellas es exactamente lo mismo, uno puede llegarse a engañar lo suficiente para que parezca distinto en cada ciudad.
Hay algunas pequeñas ralentizaciones durante el juego; no hay pantallas de carga, pero a menudo Altaïr se queda clavado en el aire. Molesto, pero se puede jugar.

Otro gran flanco en el que Assassin’s Creed pincha es en el planteamiento que ofrece (muy realista) y lo incoherente que es con él en ocasiones. Es un juego en el que se cuenta una historia que podría ser perfectamente real (se toman incluso la molestia de justificar los “viajes al pasado” con una máquina que permite revivir los recuerdos de los antepasados), con unas ciudades y entornos tremendamente detallados, pero en el que se permiten demasiadas licencias videojueguiles a la dinámica del juego. Un tipo con pocas ganas de trabajar me pide que me cargue a un par de feos que le están acosando porque le quieren violar en un sucio callejón oscuro. Me cargo al primero, pero el segundo me ve. Así que la misión se aborta, y mi amigo me vuelve a contar lo mismo y quiere que me vuelva a cargar al tipo que siguió con vida y al tipo que ya maté y ha resucitado para la ocasión. No es que jugablemente no funcione, pero no encaja con la intención del juego en general.

¡Devuélveme mi bocadillo!

El combate es uno de los aspectos más interesantes del juego, y de los pocos que, jugablemente, se ve realmente trabajado. Es innovador en el sentido que se usan los botones del mando de una manera muy poco habitual. Básicamente se podría decir que uno de ellos controla las manos (ie, ataques), otro los pies (esquivar, etc.) y otro los agarres. La manera de hacerlo funcionar con fluidez es apretar el botón justo en el momento preciso, y debido a lo exigente de este timing, cuesta un poco acostumbrarse a ello, más que nada porque hay tres (o cuatro, según se mire) armas y cada una tiene sus intríngulis, pero una vez el personaje ha ido ganando habilidades (el personaje del juego y el personaje que juega, es decir, uno mismo) se hace fácil moverse con soltura.

Hola, me llamo Íñigo Montoya, tú me comiste la polla, prepárate a morir.

Y esto me lleva a hablar de otra cosa que me da especial rabia. Odio los juegos en los que de entrada se dispone de todo un completo arsenal, que después se nos es arrebatado y se tiene que volver a conseguir poco a poco. Assassin’s Creed es uno de ellos, que además resuelve el tema especialmente mal. En la primera misión tenemos unos dos billones y medio de habilidades que no tenemos ni idea de cómo usar porque todavía no se ha explicado cómo funcionan, así que la primera impresión es de saturación completa. Poco después nos quedamos no sólo sin la mayoría de armas, sino que además se nos priva del uso de hablidades como agarrarse a los bordes o hacer contraataques. Volvemos a la incoherencia que demuestra el juego en demasiadas ocasiones, puesto que es ridículo que el personaje se olvide (o le prohíban) agarrarse a un saliente cuando está cayendo.

Otro de los aspectos más gratificantes del juego es el poder escalar todos los edificios. La agilidad que tiene Altaïr está plasmada con mucha naturalidad, por mucho que a veces haga movimientos imposibles, y esto hace que sea muy agradable moverse por los tejados o escalar paredes. Comparándolo con Crackdown, Assassin’s Creed no llega a las cotas de verticalidad que ofrece el otro, pero la que ofrece lo hace con mucha más naturalidad. Altaïr no subirá una pared si no tiene algún reoborde en el que agarrarse, una anilla en la que apoyar el pie, o una reja por la que trepar.

Lo mismo que Espíderman, pero sin dejarlo todo perdido de telarañas.

La historia en sí podría estar mejor desarrollada, porque da para mucho más de lo que se cuenta (o se deja a entender). Tiene algun giro que hace que pase de ser normalita a intrigante, pero me sorprende que se hayan trabajado tanto algunos conceptos (el Animus, por ejemplo) y no se les haya dado más profundidad. Reconozco, aún así, que el final me dejó completamente descolocado, y mirar esta guía http://www.gamefaqs.com/console/xbox360/file/930278/51299 me ayudó a atar algunos cabos sueltos.

Para ir acabando, los logros del juego son de bastante reguleros, no tienen ningún tipo de gracia. A parte de los típicos que saltan al ir completando la historia, los demás son básicamente de coleccionar estupideces simplemente porque sí. Ya sea coleccionar guardias asesinados sigilosamente (que puede ser medianamente entrentenido), o bien coleccionar cetenares de banderitas (estandartes) repartidas sin ton ni son por todo el escenario. A parte del ingente número de estandartes que hay, lo peor es que no existe ninguna motivación para ir a por ellos más allá del gotta catch ‘em all. Simplemente ridículo. Sumémosle a esto el hecho de que hay logros tan mal explicados que muy fácilmente se pueden pasar por alto hasta que ya es demasiado tarde, es decir, cuando se debe volver a empezar el juego para sacarlos.

La dificultad del juego es un poco demasiado floja al principio (cuando los guardias parecen ciegos y tontos), y un poco demasiado dura al final (cuando no se pueden dar dos pasos sin que alguno te empiece a mirar mal), pero no debería ser un problema. Mención especial a las secciones entre las ciudades en las que se va a caballo, cuando sólo por ir galopando rápido los guardias se dan cuenta de que somos un SÚPER ASESINO y se tiran en tropel sobre nosotros.

Triple salto. Como en las Olimpiadas, pero sin suelo debajo.

El doblaje al castellano estaría bien si no fuese porque las voces se repiten más que un bocadillo de cebolla. Tienen entoncación e intención pero, por favor, ¿una yaya de 50 años (en aquella época las yayas tenían esa edad) con la seductora voz de una señorita de 20? Además, los diálogos en sí son bastante absurdos, sobretodo los de los ciudadanos de a pie: “¡y yo os digo, que es un honor, morir sirviendo a dios!” (las comas son para mantener la entonación).

Quizás pueda parecer que Assassin’s Creed sea un mal juego.
El problema es que podría haber sido un juego verdaderamente sublime, pero el resultado final no consigue hacerlo destacar suficiente por encima de los juegos del montón.
Assassin’s Creed debe entenderse como un deshecho de buenas ideas e intenciones, pero poco trabajadas en general.
No dudo que en próximas entregas (que las habrá, seguro) se corrijan errores y se mejoren muchos aspectos (aunque Ubisoft parece disfrutar haciendo las cosas a medias), pero Assassin’s Creed ha perdido la oportunidad de debutar a lo grande, escupiendo a sus competidores en la cara y follándose a sus hijas.

NOTA: 7.5/10

09
Abr
08

Próximamente

Últimamente estoy ultimando reseña de

Assassin’s Crit. xd.

También he empezado con el Timeshift, pero me está pareciendo un poco cacota y no sé si me voy a sentir ánimus para terminarlo. Ya veremos.